Leve y hondo sea suspiro,
como el polvo exhalado de la tierra
a la que el sol vence y obliga
a entregar su virtud al viento, leve.
Leve como el viento acariciando,
el horizonte al vino del ocaso,
como la piel a mi espíritu, leve.
Leve como el agitar de la mies
sonora, al motor del aire, en sus mareas,
como una espiga suave pero hiriente, leve.
Leve como el espíritu que emana,
la escasa paz que encarcelan mis huesos.
Leve soy como la felicidad del hombre. Y breve.
Hondo como un blues de madrugada,
abstinencia y ansiedad del tiempo,
como el agonizar de la alegría, hondo.
Hondo como el crujir de la esperanza,
tal como descansa pena sobre almohada,
como el sufrir de lo incierto, hondo.
Dolor que vida es en si misma,
profundo engendramiento como el cante,
como anhelo y libertad, camino hondo... Y largo.