domingo, 6 de febrero de 2011

Memento mori

Leve y hondo sea suspiro,
como el polvo exhalado de la tierra
a la que el sol vence y obliga
a entregar su virtud al viento, leve.

Leve como el viento acariciando,
el horizonte al vino del ocaso,
como la piel a mi espíritu, leve.

Leve como el agitar de la mies
sonora, al motor del aire, en sus mareas,
como una espiga suave pero hiriente, leve.

Leve como el espíritu que emana,
la escasa paz que encarcelan mis huesos.
Leve soy como la felicidad del hombre. Y breve.





Hondo como un blues de madrugada,
abstinencia y ansiedad del tiempo,
como el agonizar de la alegría, hondo.

Hondo como el crujir de la esperanza,
tal como descansa pena sobre almohada,
como el sufrir de lo incierto, hondo.

Dolor que vida es en si misma,
profundo engendramiento como el cante,
como anhelo y libertad, camino hondo... Y largo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Amanece

Rompió el día con la yema de un sol en la clara del alba.
Vencí a la fría noche que ayuné de estrellas.
Tramoyista mundo, abre el telón que no chinaron las centellas.
¡Cuán repetida escena esta, entre libros o botellas!

Vigilia o sueño, amor u odio, finas líneas.
Segismundo libre, venga su delito natural,
pero obrando siempre bien, por si las moscas...

A.G.

miércoles, 25 de agosto de 2010

Ansiedad

Tras cenar mi pesar a cucharadas,
tan sólo acompañado por la luna,
al prófugo cantar de alegre grillo,
decidí replicar henchido de ansia:

¡Qué angustia a cada golpe el segundero!
¡Qué cama tan extensa!
¡Qué colosal habitación!
¡Qué titánica casa!
¡Qué infinita ciudad!

¡Qué ganas de oír su voz entrecortada!
¡Qué aflicción de suspiro y lágrima
de surcos encauzados, qué llagas en mi alma!
¡Qué vacío tan gélido el de este pecho,
que en el cabía entero su universo!
¡Qué burla del destino!
¡Qué clavo en mis zapatos!
¡Que sístole oxidado por mi sangre!
¡Qué diástole marciano, ahora profundo y yermo,
donde el amor corrió tan a sus anchas,
que ni la luz escapa a sus anhelos!
¡Qué súplica a la luz de su presencia!
¡Qué ausencia del rocío de sus labios!
¡Qué astral siempre su amor, joven estrella!
¡Qué horizonte de sucesos tan extenso!
¡Qué gravedad tan grave,la de mi firmamento!
¡Qué destrozo vibrante el de esa cuerda, que compuso un
réquiem por mi esperanza!

El abrazo de la espera es tan inmenso,
que rodearía al mundo conocido,
por eso siento hielo en las entrañas.

¡Excelsa majestad, vuelve a tu reino!

sábado, 12 de junio de 2010

A la hora acentuada

Hartazgo de estudio a las tres y veinte,
claustro de menosprecio a este presente,
me desvío del círculo por la tangente,
a un libro erigido tangible puente.
Otro sensible ser cruzó a mi mente,
burló el cauce del tiempo disolvente.

Casi me oigo reprender mi rebeldía:

¡Estudía!... impreciso calambur acentuado,
tratando de ensombrecer la consonancia,
en mi noche aspirante a la relevancia,
a un comienzo aliterante sublevado.

Y es que siempre a esta hora,
porque nunca lúcido me encuentro,
cuerdas figuras bromean en antítesis.
Las contemplo desde tantas perspectivas, tan despierto,
que se alarga tanto el verso que una vez vencido, duermo.

A.G.

jueves, 3 de junio de 2010

Ventanas

Me apoyo en la poesía de la fragua,
labrada por émulo de Vulcano,
trabajos hoy olvidados y vanos,
bravura férrea aliviada en el agua.

Entrego mi ser y me hacen cautivo,
los cauces de colores que acontecen,
bello flammarión que me estremece,
afluentes son del alma mis sentidos.

Numerosas flechas en su arco,
acarician el aire con su vuelo,
síntoma de los candores nuevos,
retratan un celeste azúl sin marco.

A voluntad de la estrella de fuego,
señora de vírgulas nebulosas,
acentúan la tierra a miles rosas,
para muchos pesares son placebo.

Por mi abierto ventano allana ahora,
grosera una irrupción floral respiro,
y cortés le confío en un suspiro,
locuaz expiro el germen de su aroma.

Sucumbe Helios vencido y con su beso,
incendia el horizonte montañoso moribundo,
Selena regicida ocupa el trono de este mundo
y su argento fulgor cala en mis huesos.

Voraginosa sinfonía a la belleza,
ante el lienzo desnudo el sentimiento,
en el tibio clamor del denso viento,
visto de nuevos versos su realeza.

A.G.

jueves, 27 de mayo de 2010

Insomne

3:14. Con pretensión de infinitud
marcó la esfera el inicio del impulso
que esclaviza mi voluntad,
no permite que abra la ventana
a la irracional conciencia.

Siempre en vigilia,
abundan sentimientos y anhelos.
Desbordan ideas y formas
suspendidas en livianos puentes;
las palabras, expresión de todas ellas.

Se abalanzan, bombeadas por el sístole
que encuentra respuesta, sabedoras de
que pocas hallarán alivio en el papel,
morirán en la luz de su esplendor,
víctimas de su propia gravedad.
Susurro ininteligible y negro vacío se tornan.

¡Coincidencia de la esfera en su perfecta proyección!
3:14, el instante pesa y se hace eterno.
Cada segundo restalla, por maldad de un segundero,
fusta del tiempo, roba la paz nocturna.

¡Maldita esfera! Hasta un Hades sucesivo y espiral,
se constituyó en circulos dantescos.
Rechazada es por la naturaleza
que se erige agreste y dura.
Renegó de ella el acantilado entregado al mar,
elegía voluntaria a Prometeo.
¿Que orbita planetaria no la burla con la elipse?
Hasta Helios huye de ella en erupción violenta.

Todo ajeno es a la esfera, y la colmamos con el tiempo.
¿Que ruin ser ofendió al cosmos con tal instrumento?
Hazmerreír es de cada impredecible nebulosa,
espléndida en matices, envidia del prisma de la lluvia,
que llorado es en resignado orden.

Polvo de estrellas, anhelamos volver a ellas,
descifrado un conocimiento que es innato.
En cada cerebro enigmático y dispar germinó
un cosmos expansivo, un big bang sináptico.

Únicamente el cuerpo es soluto de la muerte.
El hombre es su conocimiento, el olvido pues, su muerte.
Soluto el pensamiento es del olvido, cuestión de tiempo...
Mas el universo es del tiempo el disolvente,
y por cada cuál un universo...

3:15, me alcanza el sueño, recreo de este tormento laberíntico.

A.G.

viernes, 21 de mayo de 2010

Libertad desmesurada

Al que nada le place,
al que yace sentado,
con el gesto nublado,
y un sentir que le nace.

Al que mira a la nada,
moteada, éterea paradoja,
inmensa orbe que acongoja,
y que deja el alma helada.

El que alaba lo efímero,
considera que el tiempo,
es maldito y torpe invento,
cual rasero es el dinero.

Pregúntase esto con calma,
si se mide el instante,
si se pide el montante,
al rozar un labio el alma.

Jamás me imagine un ave de oro lastrada,
ni por la medida de una esfera preocupada.

Rompe el cobre crepuscular,
en estrépito circular,
más libre que yo es ahora
y no se paró a pensar.