jueves, 8 de abril de 2010

Desde siempre, fuego.

Negra descarga de saetas, primaveral presagio.
Oscuro es tu color pero no tu alma,
pues traes la vida al cristal del ocaso.
Cuantas horas derroché mirando tus geométricos danzares,
esferas perfectas que trazas con el compás de tus cantares,
singular dibujo.

Tu alarido agudo llena el aire,
arrastras tras de tí el peso del cielo,
que es fuego, y luego,
rescoldo nebuloso que termina por ahogarse en azul mar
estrellado.

Traes olor a tierra, a rosa...
Alteras mi ser con profunda ansiedad trascendental, el amor;
poesía ferviente que escribo improvisada sobre
su piel, antes de que abrase mis entrañas.

En el mismo barrio, sobre el mismo banco, sentado te contemplo.
Me transportas a los días eternos de mi infancia.
Me provocas el anhelo de las horas en que el tiempo no importaba.

¡Cuantas sensaciones en mi despiertas!
Tantos recuerdos enciendes.
Ya brota fogosa la flor de la memoria.

Tanto te estimo que vine a nacer en abril
porque abril nació contigo,
amiga golondrina.

A.G.


1 comentario: